Liberan sin cargos a los abuelos de Émile, el niño de dos años muerto tras desaparecer en los Alpes franceses en 2023
Los investigadores dicen que “la pista familiar no está cerrada” y no descartan la participación de un tercero en la muerte del pequeño

El misterio crece en torno a la desaparición y muerte de Émile, el niño de dos años que desapareció hace dos años cuando estaba al cuidado de sus abuelos en un pueblo de la Alta Provenza y cuyos restos se encontraron meses después. Los investigadores han despejado este jueves algunas dudas y añadido más intriga al caso, si cabe. Se confirma la pista criminal, pues el análisis de los restos óseos hallados revela “un traumatismo violento en la cara”, y no se descarta la participación de un tercero en su desaparición y muerte, y tampoco que sea alguien de la familia.
Son los últimos datos de la investigación, que dura ya dos años, aportados este jueves por el fiscal de Aix-en-Provence, Jean-Luc Blachon, que ha comparecido en rueda de prensa. Lo ha hecho poco después de que fueran liberados sin cargos los abuelos del menor, detenidos el lunes por homicidio voluntario y manipulación de cadáver. También están en libertad su tía y su tío, arrestados hace dos días. “No hay cargos suficientes para imputarlos”, ha justificado el fiscal.
Blanchon no se pronunciaba desde el pasado mes de abril, cuando se hallaron los restos del cráneo del niño en un área a poco menos de dos kilómetros del lugar donde desapareció. Estos huesos, así como la ropa que se localizó a pocos metros, fueron colocados en el lugar poco antes, según ha explicado el fiscal.
A Émile se le perdió la pista en julio de 2023 mientras estaba al cuidado de sus abuelos maternos en la casa que estos tienen en Le Vernet, una pedanía situada en los Alpes franceses. Sus padres acababan de dejarle allí para que pasara las vacaciones y no estaban en el momento de la desaparición.
Durante días se rastreó la zona y se desplegó un amplio dispositivo de búsqueda, pero no se encontró rastro del pequeño. Nadie se explicaba que, tras las intensas batidas, no se hubiera logrado hallar la más mínima pista. Durante mucho tiempo los investigadores no descartaron ninguna hipótesis: que el niño hubiera tenido un accidente, que se perdiera en la montaña, que alguien lo atropellara sin querer o que se lo llevaran. Tampoco que fuera devorado por un animal, tras extraviarse.
Se trata de una zona montañosa y escarpada, por lo que, a los pocos días, y dadas las altas temperaturas, se perdió la esperanza de poder encontrarlo con vida y las búsquedas se centraron en encontrar su cuerpo. Fue nueve meses después cuando un montañista encontró restos de un cráneo, en una zona que ya había sido batida, lo que hizo pensar a los investigadores que podrían haber sido colocados a posteriori.
Christophe Berthelin, comandante del equipo de investigación de Marsella, ha ilustrado con datos los esfuerzos que están haciendo los investigadores para arrojar luz a este misterio: desde julio de 2013 hay una docena de policías trabajando a diario en este caso. Durante este tiempo se ha interrogado a 287 personas, se han verificado 3.141 testimonios o informaciones, se han analizado 27 vehículos y se han rastreado 285 hectáreas.
El último giro de guion en el caso ocurrió el lunes, cuando se detuvo a los abuelos del pequeño por homicidio voluntario. Tras 48 horas bajo custodia policial y 17 horas de declaración, Philippe y Anne Vedovini han quedado libres, aunque la sombra de la duda sigue rodeando a la familia, un núcleo muy cerrado. Los abuelos, muy religiosos, tuvieron 10 hijos, entre ellos la madre de Émile, a los que escolarizaron en casa. La “pista familiar no está cerrada”, ha insistido el fiscal. La investigación avanza, pero sigue el misterio.
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